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Hace muchos años, en un pueblo muy lejano, vivía Martina Carrillo, una hermosa niña afroecuatoriana; su color de piel era negro como el azabache, tenía labios gruesos, ojos grandes, pestañas rizadas y cabello trenzado.

Martina vivía con sus padres en una de las haciendas de su pueblito, donde las personas eran muy pobres. Su casita tenía paredes de tierra y el techo estaba hecho de paja; un hermoso río cruzaba por medio del terreno, donde sembraban fréjol y maíz.

Ella tenía muchos amiguitos con los que jugaba todos los días. Pedrito, uno de sus buenos amigos, vivía muy cerca de su casa; los dos se llevaban muy bien y se prometieron que algún día lucharían juntos por la libertad de todas las personas afroecuatorianas. Martina siempre deseó con todo su corazón poder ayudar a su pueblo y lograr darles ropa, alimentos y una vida digna a todos sus amigos, para que sean felices.

Un buen día, el sueño de Pedrito y Martina se hizo realidad. Encontraron a Francisco Arrechoeche, un hombre de buen corazón, que les enseñó a nunca rendirse y luchar por sus ideales; así, guiaron a su comunidad hacia un nuevo amanecer de igualdad y aprendieron que los sueños siempre se hacen realidad.

 

Elvia Leticia Rosero

(Estudiante de Comunicación)

El sueño de Martina Carrillo

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