En una pequeña casa en Quito, capital de un hermoso país, vivía Eugenia del Pino, una joven inteligente y con muchísimos sueños y aspiraciones. Eugenia estaba fascinada por la naturaleza que la rodeaba, desde el césped con un tono verde brillante en su patio hasta pequeños insectos que observaba a su alrededor; se podría decir que tenía un gran aprecio y amor por la naturaleza.
Eugenia y su madre tenían una conexión muy especial, ya que ella era quien la animaba para que persiguiera sus sueños y nunca se rindiera. Eugenia exploraba cada rincón de la ciudad junto a sus hermanos, buscando nuevas aventuras.
El comienzo de su aventura
Cuando llegó el momento de ir a la escuela, Eugenia tuvo un gran interés por la ciencia. Sus padres desde muy pequeña le enseñaron la importancia de la disciplina y el esfuerzo para lograr alcanzar el éxito.
Muy comprometida y decidida a seguir su pasión por la biología, Eugenia se embarcó en un viaje hacia los Estados Unidos para estudiar en el Vassar College. Al principio le costó adaptarse al nuevo idioma y al estilo de vida, pero pronto demostró tener el potencial para seguir con sus estudios, siendo una estudiante excepcional.
Después de haber terminado sus estudios en la universidad de Emory, Eugenia decidió regresar a su país de origen y allí, mostró un gran interés por una especie única en su país, así que decidió estudiarla.
Ella enfrentó varios desafíos a lo largo de toda su carrera, pero Eugenia i nsistió y logro abrir nuevos caminos en la biología y su desarrollo. Este trabajo le significó un reconocimiento internacional y con ello, también a futuras generaciones de su país.
Hoy en día, Eugenia del Pino es una mujer emblemática en el mundo de la ciencia y biología, recordada por su perseverancia, valentía y determinación; también por su enorme amor por la naturaleza. Y así, su historia motiva a las nuevas generaciones que desean conquistar sus sueños.
Sebastián González
(Estudiante de Comunicación)
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