Hace mucho tiempo, en la misteriosa ciudad de Babahoyo, vivía una niña hermosa y talentosa que se llamaba Judith. Fue criada por su abuela y a los 16 años, llegó a estudiar a Riobamba en un colegio católico donde descubrió su talento y amor por el dibujo.
Judith creaba mundos mágicos con la ayuda del pincel y sus manos; construia paraísos llenos de animales, campos, cielos, mares e incluso hacía que los peces y los caballos vuelen.
Al pasar el tiempo, ya adulta, se enamoró y casó con Miguel Donoso, con quién compartió su amor por el arte. Fue parte de la Unión de Mujeres en Guayaquil, un grupo de damas talentosas como ella; todas podían crear mundos mágicos.
Al ingresar a la Escuela de Bellas Artes y después de mucho esfuerzo, esos mundos mágicos creados presentó por primera vez en la Casa de la Cultura de Quito. Luego mostró su arte en lugares y museos del mundo como Nueva York, Panamá, Guayaquil, Gran Bretaña, Quito, Ciudad de México, Puerto Vallarta y muchos más.
El 1 de marzo de 2003, Judith lamentablemente falleció, pero su arte lleno de formas y colores siempre contarán una historia, donde todo lo que te imaginas puede ser posible.
Clara Amaguaña
(Estudiante de Comunicación)
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